sábado, 14 de julio de 2012
Hogar, dulce hogar.
Escribo esto sin ningún motivo, sin ninguna razón.
Quiero ser escuchada.
Pretendo gritar lo que siento para que todo el mundo lo oiga y para que en esta oscuridad, en este mundo, alguien me escuche. Me siento sola y a la vez agobiada.
No sé como llego a este sitio, a esta oscuridad infinita. No se como acabo aquí. No se lo que es. Tal vez lo sea todo o quizás no sea nada. Lo único que sé es que es en el único lugar donde mis pensamientos valen algo, donde mis ideas se aclaran.
A veces tengo miedo. Miedo de no saber que puedo encontrar, de no ser escuchada, de no ser valorada.
Otras veces siento alivio, alivio porque puedo ser yo. Pensar e imaginar sin que nadie me interrumpa.
No sé como salir ni como entrar en este sitio, aparezco y desaparezco por arte de magia. Siento un escalofrío, una suave brisa rozar mi piel y, de repente despierto, abro los ojos y me encuentro aquí, en la oscuridad o fuera de ella. Esto es así, ni me gusta ni me disgusta. Algunos llaman a esta oscuridad cabeza, cerebro. Y yo, yo lo llamo hogar, dulce hogar.
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